Terapia para cuerdos
Lic. Carlos Alejandro Ordóñez Villegas
La insatisfacción, la rutina, la monotonía y continuo cuestionamiento de todo lo que pasa a nuestro alrededor… ¿Son buenas razones para visitar un terapeuta?
Naturalmente, los seres humanos estamos permanentemente condenados a vivir etapas de desesperación y angustia: fechas como navidad y año nuevo que invitan a la reflexión, nos hacen entrar en conflicto generalmente. Estos momentos que conocemos como desesperanza, son de los más incómodos que nos toca vivir. Como continuar con las labores cotidianas, con la pregunta a cuestas ¡qué debo hacer!
Pero vaya, no todo está perdido, se puede quizá acudir a una terapia; sin embargo lo que se necesita propiamente es pensar. El canadiense Lou Marinoff, autor del libro Más Platón y menos prozac, lo resume así: “tener problemas es normal, la congoja emocional no constituye necesariamente una enfermedad.” Entonces, ¿qué hacer?
Antes que nada debe identificarse el problema. Muchos de nuestros problemas emocionales se deben a la falta de visión en conjunto de lo que pasa, más que a una patología psicológica o problema neuronal. Esa visión de conjunto es lo que conocemos como nuestra filosofía de vida. Acaso nos preguntamos cuál es ésta y el papel fundamental que tiene en la cotidianidad, especialmente su relación con la salud y el bienestar emocional.
Nuestra filosofía guía todo el actuar propio, ya sea que seamos conscientes de ella o no. Todos indiscutiblemente tenemos una forma de pensar o de concebir al mundo, propia o tomada de otros, que condiciona la manera en que nos comportamos y enfrentamos los retos que se presentan. Pero ¿qué sucede cuando esta forma de ser entra en conflicto con la realidad?
Al entrar en conflicto su filosofía con el mundo a nuestro alrededor, debemos de tener en mente que: o adaptamos el mundo a nosotros o nosotros nos adaptamos al mundo. Estas dos posturas contrarias es lo que se debe considerar en la “terapia para cuerdos” o Consejería Filosófica.
La consultoría o consejería filosófica ha entrado en escena en los últimos veinte años, y se constituye como una alternativa a la terapia, centrándose en la idiosincrasia e ideología de cada persona a fin de adecuarla a lo que es mejor para el bienestar del asesorado. Así que ya sabe, cuando su forma de pensar entre en conflicto con las circunstancias acuda a su filósofo más cercano.
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