jueves, 7 de abril de 2011

JUICIOS Y PREJUICIOS

Texto publicado en el Heraldo de Chihuahua, los lunes de cada quincena.

Lic. Carlos Alejandro Ordóñez Villegas

Se dice que todos deberíamos tener un médico de cabecera, un mecánico y un abogado. Por otro lado, lo que se encuentra olvidado en nuestra sociedad es tener a la mano un filósofo de cabecera. ¿Filósofo de cabecera? ¿Qué queremos decir con esto? Aunque parezca un juego, una parodia, o una imperante necesidad de un filósofo de dar a conocer su profesión, cuando mencionamos la necesidad de la filosofía, va más allá de la afirmación de un gremio que muy pocas personas conocen.
Un filósofo de cabecera es, en cierta forma, el tener una forma de vida determinada seamos conscientes de ella o no. Si no conocemos nuestra filosofía o no creemos poseer una, inconscientemente, de manos de lo cotidiano nos adherimos y seguimos la filosofía que se encuentra pre-programada en la sociedad, en otras palabras los prejuicios.
Los prejuicios son por un lado formas útiles de pensamiento, que nos ayudan la mayor parte de nuestra existencia para tomar decisiones, más o menos acertadas. Los pre-juicios son aquellos razonamientos previamente desarrollados para que la vida sea lo menos complicada posible.
Imaginemos una vida sin pre-juicios. Prácticamente sería difícil convivir entre nosotros, ya que estos regulan la mayor parte de nuestro comportamiento. El ceder el paso, saludar por las mañanas y decir buenos días, son prejuicios que permiten la convivencia. Pero los prejuicios solo sirven como fundamentos previos al juicio, al razonamiento, al pensar.
Los prejuicios permiten que nuestra forma de ver al mundo se adapte a las nuevas circunstancias que el actuar nos presenta, pero no son suficientes para vivir. Los antiguos sabios y los nuevos consultores filosóficos han descubierto que gran parte de las crisis interpersonales, sociales y políticas de nuestra sociedad se debe a que los pre-juicios han desplazado a los juicios.
Una vida sin juicio es una vida que se asimila a la locura. Decimos: “aquella persona perdió el juicio”. La sociedad actual, las personas y sus relaciones sociales parecen que cada vez se pierde el juicio. Entonces, ¿qué hacer?
Un consultor filosófico podría recomendar los siguientes pasos: Someta todo a examen, con todo nos referimos a todo aquello que inhiba la parte fundamental del desarrollo humano: el diálogo.
Si un prejuicio le da por sentado la imposibilidad de éste, estamos hablando de que este lo está haciendo perder la razón, y por consiguiente entre menos juiciosa sea una persona más difícil le será relacionarse con las personas.
Es así que podríamos concluir en esta ocasión que el juicio es el vehículo fundamental de la razón, misma que sólo se conoce a través de la comunicación entre personas. El diálogo es la fórmula más importante para mantener una buena condición filosófica.

lunes, 14 de marzo de 2011

TERAPIA PARA CUERDOS

Lo siguiente es una recopilación de textos publicados en la sección terapia para cuerdos, del Heraldo de Chihuahua, que se publica los lunes de cada quincena.

Terapia para cuerdos

Lic. Carlos Alejandro Ordóñez Villegas

La insatisfacción, la rutina, la monotonía y continuo cuestionamiento de todo lo que pasa a nuestro alrededor… ¿Son buenas razones para visitar un terapeuta?
Naturalmente, los seres humanos estamos permanentemente condenados a vivir etapas de desesperación y angustia: fechas como navidad y año nuevo que invitan a la reflexión, nos hacen entrar en conflicto generalmente. Estos momentos que conocemos como desesperanza, son de los más incómodos que nos toca vivir. Como continuar con las labores cotidianas, con la pregunta a cuestas ¡qué debo hacer!
Pero vaya, no todo está perdido, se puede quizá acudir a una terapia; sin embargo lo que se necesita propiamente es pensar. El canadiense Lou Marinoff, autor del libro Más Platón y menos prozac, lo resume así: “tener problemas es normal, la congoja emocional no constituye necesariamente una enfermedad.” Entonces, ¿qué hacer?
Antes que nada debe identificarse el problema. Muchos de nuestros problemas emocionales se deben a la falta de visión en conjunto de lo que pasa, más que a una patología psicológica o problema neuronal. Esa visión de conjunto es lo que conocemos como nuestra filosofía de vida. Acaso nos preguntamos cuál es ésta y el papel fundamental que tiene en la cotidianidad, especialmente su relación con la salud y el bienestar emocional.
Nuestra filosofía guía todo el actuar propio, ya sea que seamos conscientes de ella o no. Todos indiscutiblemente tenemos una forma de pensar o de concebir al mundo, propia o tomada de otros, que condiciona la manera en que nos comportamos y enfrentamos los retos que se presentan. Pero ¿qué sucede cuando esta forma de ser entra en conflicto con la realidad?
Al entrar en conflicto su filosofía con el mundo a nuestro alrededor, debemos de tener en mente que: o adaptamos el mundo a nosotros o nosotros nos adaptamos al mundo. Estas dos posturas contrarias es lo que se debe considerar en la “terapia para cuerdos” o Consejería Filosófica.
La consultoría o consejería filosófica ha entrado en escena en los últimos veinte años, y se constituye como una alternativa a la terapia, centrándose en la idiosincrasia e ideología de cada persona a fin de adecuarla a lo que es mejor para el bienestar del asesorado. Así que ya sabe, cuando su forma de pensar entre en conflicto con las circunstancias acuda a su filósofo más cercano.